¿Por qué sube el dólar?

"Va a estar más cerca de $9,50 si hacemos las cosas bien y más cerca de $16 si al que le toca hace las cosas mal" Prat Gay, ministro de Economía, octubre de 2015.

En la última semana reflotó una presión alcista en relación a la cotización del dólar. Y nos referimos a la misma como un “reflote” porque no es ni más ni menos que algo parecido a lo que vivimos sobre fines del año pasado, y que también sucedió en 2016. Como se imaginarán, seguirá sucediendo en el futuro dado que independientemente de factores puntuales, lo que genera el actual modelo de apertura y desregulación es un faltante crónico de dólares. Y como la única forma de financiar esa brecha de divisas que faltan bajo la actual gestión es el endeudamiento externo, que se complicó fuertemente en los últimos meses por la suba de tasas a nivel mundial, debemos acostumbrarnos a estos cimbronazos cambiarios y su respectivo impacto en los precios (o sea: la inflación).

En esta línea argumentativa, entonces: el problema no es coyuntural, sino estructural. Más allá de cuestiones aisladas (hace meses fue la tasa de Estados Unidos, ayer el impuesto a las LEBAC para extranjeros, mañana alguna guerra en medio oriente y así podemos seguir) lo que genera este escenario de vulnerabilidad externa no es otra cosa que el propio modelo económico que impuso Cambiemos: un modelo de apertura económica con desregulación financiera, financiado únicamente por endeudamiento externo.

El “nuevo” consultor del gobierno

Pero volviendo a lo puntual. Durante la semana el Banco Central de la República Argentina gastó casi USD 3.500 millones para parar una supuesta “corrida” contra el peso. Incluso volcando esa mega-cantidad de dólares al mercado no pudo contener la cotización que (luego de reforzar la política con una suba de tasas significativa) llegó a operarse en la city porteña en el orden de los $ 21,50 por dólar.

¿Qué pasó? Puntualmente hubo un disparador coyuntural que aceleró el resto de los factores estructurales que están presentes hace un tiempo y que seguirán ahí presionando al dólar de manera sistemática. En materia coyuntural, la estampida hacia el dólar se desató cuando un banco de inversiones extranjero decidió desarmar todas sus posiciones en LEBACs (un instrumento en pesos) para volver a su moneda natal (el dólar) y poder así remitir esos montos a su país de origen. La razón de esta maniobra es conocida: el día miércoles entraba en vigencia un impuesto creado por el gobierno actual para gravar a todos los tenedores extranjeros de LEBAC. Ante este cambio en las condiciones del instrumento, el conocido banco internacional decidió liquidar todas sus posiciones en pesos y pasarse a dólares empujando así fuertemente la demanda de la divisa americana. Una vez corrido el rumor, muchos actores se plegaron a esta estrategia y el BCRA se vio obligado a vender parte de las reservas para evitar una fuerte corrección del tipo de cambio que certifique la defunción de la disparatada meta de inflación vigente para este año (15%).

Con esta venta masiva de reservas, sumada al fuerte aumento de las tasas de interés, se supone que la demanda de dólares estará estable en el corto plazo. Sin embargo, los números estructurales de la economía y el funcionamiento del modelo actual insinúan que en cualquier momento esta situación puede repetirse. La economía argentina actualmente pierde dólares por diversas vías (turismo, comercio, por la burbuja hipotecaria de los UVA) y con el grifo de la deuda externa relativamente cerrado cualquier situación menor dispara un problema externo. El modelo económico mete al Gobierno en una encerrona donde o se entregan (devuelven) las reservas o se devalúa fuertemente el tipo de cambio. Como ya vimos, la primera alternativa no soluciona nada porque vendiendo todas las reservas no se salda ni el 50% de lo que se tomó de deuda, recordemos que entre la deuda y las reservas pasó el interés, la fuga de capitales y los déficits comerciales y de turismo. Por otra parte, la segunda alternativa no es menos peor: devaluar implicaría una nueva ronda de aumentos de precios, con paritarias a la baja y una profundización de la recesión económica. Sin mencionar el impacto fiscal que tendría una devaluación en un país que se pasó los últimos dos años tomando deuda en dólares.

A modo de conclusión: parece que más que una “corrida” el problema es el modelo económico. Daría la sensación de que a Cambiemos la economía mundial se le vino encima dinamitando el único pilar del modelo: el endeudamiento externo. Lo peor es la ausencia total de un Plan B por parte de las autoridades.

Por Leandro Ziccarelli
Director del Observatorio Monetario-Financiero del CEPA (Centro de Economía Política Argentina)

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