La memoria viva en el conurbano

El 24 de Marzo se respira en cada esquina, en cada barrio. Cada vez son mas las actividades que conmemoran la fecha y la hacen carne desde su historia cotidiana. Lejos de la Plaza de Mayo pero bien cerca en su corazon, una breve reseña de como se vive esta fecha en uno de los rincones de La Matanza.

El viernes 23 a las 19 la comunidad se reúne en Arieta y Ruta 3 para exigir memoria, verdad y justicia. Bombos, platillos y canciones inundan la calle principal de San Justo, capital del Municipio de La Matanza.

Columnas de pibxs avanzan, cantando, bailando, saltando. En el marco de la conmemoración al último y más violento Golpe de Estado cívico-eclesiástico-militar del 24 de marzo de 1976 las agrupaciones de chicos, chicas y jóvenes se reúnen para gritar muy fuerte “Nunca más”.

Las Madres de Plaza de Mayo convocaron a la marcha del sábado 24 por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia bajo la consigna “La patria agoniza con cada pibx asesinado por balas o por hambre”.

Esta conmemoración que recuerda y repudia la violencia y la muerte se nos presenta con un tinte especial este año a causa de los  tiempos turbulentos que nos toca vivir. Estamos atravesando un recrudecimiento de la mano dura, en concordancia con un ajuste macrista que solo cierra con represión. Frente al retroceso en materia de derechos, a los reclamos se  responde con violencia. Mientras tanto, la declaración de emergencia en seguridad se lleva puesta la vida de nuestrxs pibes. Este mismo mes la policía tucumana mató a Facundo Ferreira de 12 años por la espalda, con un tiro en la nuca. Antes de él mataron a Rafael Nahuel, antes a Santiago Maldonado.

La “doctrina Chocobar” implica que desde el poder ejecutivo se ampare el uso de la fuerza desmedida por parte de la policía, que se traduce en una pena de muerte sin juicio previo. Los que más sufren estas medidas son los mismos de siempre, los pobres, los obreros, los villeros, basta observar el despliegue policial sobre los manifestantes durante el tratamiento en el Congreso de la reforma previsional, donde abundaron gases lacrimógenos, palos y balas. Esto es acompañado por una pantalla mediática que desvía la mirada de la inoperancia del Estado y que mediante un fogoneo xenófobo busca instalar un enemigo común, los inmigrantes. De este modo ya encontraron un chivo expiatorio frente al cierre de fábricas, el aumento del desempleo y la saturación de los hospitales.

En esta fecha es necesario denunciar lo peligroso de avalar desde el mismo gobierno el fuego a discreción de las fuerzas de “in-seguridad”.

El hecho de interpelar a nuestro pasado común nos obliga a evaluar nuestro presente. Este gobierno que negó el número de los 30 mil desaparecidos es el mismo que hoy es felicitado por el FMI, el que contrajo deuda a cien años, el que responde con ajuste y achique del Estado.

Las cinco cuadras que dividen el punto de partida de los manifestantes y su meta se recorren bajo refucilos de tormenta que colorean el cielo de gris y violeta, la Plaza San Martín espera adornada la llegada los vecinos y de la lluvia. Un escenario en el que tocará la banda de rock-folclore Arbolito,  siluetas pintadas en papeles de colores y pañuelos blancos decoran los alrededores. En una esquina un grupo de adolescentes practica “freestyle rap”.

Antes de las ocho, la lluvia comienza a caer, primero escasa y dispersa, luego copiosa y abundante. El recital tiene que suspenderse, pero nada fue en vano, las calles fueron testigo de un espectacular despliegue surgido desde las entrañas mismas del conurbano.

Ante la crisis que se vive en nuestros vecindarios, no queda más que salir a cuidarnos entre todxs, ponernos en movimiento. Lo fundamental de descentralizar los reclamos envuelve también un pensar desde y para los barrios. Desperezarse y despertarse del letargo, ser los protagonistas de nuestra propia historia y caminar nuestras propias calles. Porque la historia está viva, atenta, inmortal. En una Argentina donde las escuelas cierran y los trabajos escasean, los pibes no son peligrosos, están en peligro. Pensar nuestro pasado siempre será fundamental para construir nuestro futuro.

Por Maria Rosa Lujan Limardo.

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