“MUERTE AL MACHO”

El feminismo y la disputa por el sentido en los espacios virtuales. Como se libra una parte de la batalla en el universo Twitter?

Hace poco se actualizó Twitter con la posibilidad de que el usuario redacte sus comentarios en 280 caracteres en lugar de los tradicionales 140. El cambio fue paulatino. Primero se otorgó como privilegio a unos pocos, a modo de prueba. Hasta que una noche quedó disponible para todas las cuentas.

Los cambios que impactaron sobre la aplicación comenzaron a verse con el paso de las horas y los días. Los usuarios jugaron con la posibilidad hasta incorporarla a la usabilidad de la red de acuerdo a sus gustos y preferencias.

En toda esa marea de caracteres, se sucedieron extensos intercambios de variados temas. Sin embargo, uno de esos intercambios me llamó la atención.

Sabemos del encendido debate que gira alrededor del Feminismo como corriente de pensamiento y de todas las ramificaciones que de esa discusión se desprenden. Sabemos también cómo, tanto en medios tradicionales como alternativos, se discuten más las formas que el fondo de la cuestión. Esta no será la excepción.

El intercambio al que quiero referirme inició así:

@minervisha publicó: Cuando decimos “muerte al macho” no se trata de salir a matar tipos; cuando nos referimos a “cultura de violación” no hablamos de que cada uno en particular sea un violador. ¿Tan difícil es hacer la abstracción conceptual?

Dando uso a la posibilidad de responder al tuit citándolo, Nicolás Lichtmaier respondió desde su cuenta personal (@niqueco): Si la consigna en sí necesita tanta explicación quizá no sea tan útil para comunicar tus ideas…”Muerte al macho” es una consigna que sólo entienden bien los que ya están enterados del tema y no necesitan ser “convencidos” de nada…

Aquí el punto de inflexión en el que quiero detenerme. Aquí la muerte de la argumentación. Aquí el inicio de la barbarie.

Nicolás, luego de expresar su opinión, recibió respuestas como:

-Si quisieras entender, entenderías.

-A mí me parece que vos te sentís especialmente tocadito.

-Te falta empatía y ganas de entender la lucha feminista.

Perdoname en el alma la profunda agresión que te afectó tanto, te dejo seguir explicando el feminismo desde afuera que a todos nos parece súper útil.

PERO DESDE CUÁNDO UN MACHITO TIENE AUTORIDAD PARA DECIRLE A LAS MUJERES CÓMO TIENEN QUE EXPRESAR SUS IDEAS?? (sic)

¿Están reclamando que no las asesinen y a vos te preocupa la semántica? Deberías replantearte tus prioridades.Se abre un sinfín de posibilidades de análisis de tal evento. Vamos sólo a detenernos en algunos puntos.

En primer lugar, debemos reconocer que hay un debate en proceso en las redes sociales, que gira en torno a ciertas premisas que sostiene el Movimiento Feminista y cuyo punto de inflexión puede ser considerado en el estallido del #NiUnaMenos.

La flexibilidad de la mayoría de las redes sociales puede llegar a ser la razón por la cual se dilatan los ejes de discusión. Sin embargo, esas mismas redes funcionan como un espacio público virtual del cual puede y debe revisarse la agenda.

En cuanto a este debate vigente, y más allá de la expresión de las referentes virtuales del colectivo de mujeres, siempre se observa movimiento discursivo con forma de respuestas a manifestaciones que son consideradas machistas. Más precisamente, que son consideradas machistas por elevar la discusión hacia algún punto del abordaje feminista. Tal es el caso. Nuestro amigo planteó el grado de violencia de un slogan y el nivel de confusión que probablemente arrastre. Lejos de prestarse a la posibilidad de validar la opinión y discutirla, los/as usuarios/as que decidieron intervenir lo hicieron en función de amedrentar tal posición, como quien abuchea al equipo rival.

Si abrimos un poco más la herida, hasta podemos apreciar que las respuestas son precisamente la confusión a la que él hizo referencia: “no hablamos de salir a matar tipos” pero “te sentís especialmente tocadito”.

En segundo lugar, confirmamos que la discusión está planteada en tanto empiezan a surgir neologismos para denotar acciones o actitudes. Ejemplos de ello son los términos “feminazi” y “mansplaining”.

Si bien el primer término registra usos ya en la década del ´90, se utiliza actualmente de forma habitual y con un sentido similar: para describir una forma de activismo fanático del feminismo. Ese espacio en el que precisamente se abandonan las argumetaciones y se da paso a la violencia discursiva con el uso y abuso de recursos como la ironía, la amenaza o el insulto, habitualmente contra los hombres que se expresan sobre el asunto.

Por otro lado, el término “mansplaining” sí es de nacimiento reciente y se considera algo así como la condescendencia que un hombre cargaría en su discurso al momento de explicarle algo a una mujer. La subestimación o invalidación del interlocutor estaría determinada por su condición de mujer. Y entonces se defienden, porque “Desde cuándo un machito tiene autoridad para decirle a las mujeres…”

En tercer lugar – nótese la curiosidad – después de toda esta descripción, hemos prescindido de la palabra “género”. Me detengo aquí para hacer una salvedad: la perspectiva de género también es una discusión de los espacios más progresistas. Reivindicaciones sociales como la ley de identidad de género son resultado de la lucha de diversas organizaciones. En algún momento, en el espacio virtual, existió convergencia entre la cuestión de género y la cruzada feminista. Ahora los percibimos como hijos de padres separados. Reconocemos y respetamos la diversidad de género, pero la discusión fue nuevamente torcida hacia una dialéctica que, equivocadamente, enfrenta al feminismo con todo el resto del espectro de la sociedad. Lo irónico es que esa lógica binaria vuelve a la sociedad otra vez hacia una percepción heteronormativa. Prácticamente la reduce a casi un determinismo biológico entre hembras y machos. Perdemos todos.“Muerte al macho” es un slogan peligroso. Al menos en el universo de las redes, se malinterpretó y mutó en la persecución de aquellos hombres y mujeres que comprendemos la lucha pero disentimos en los métodos. Retrocede en la lógica cultural de la argumentación que hemos podido conquistar como sociedad en varias áreas sobre reconocimiento de derechos, como el matrimonio igualitario y la identidad de género. Aleja. Separa. Recorta. Confunde. Pero convoca a discusiones que desatan reflexión.

“Cuando decimos muerte al macho significa la eliminación simbólica y cultural del machismo, ¡No te queremos matar por ser chabón!” rezan los carteles en los espacios de militancia. En un contexto en el que debió ser tipificado el delito de femicidio – homicidio caracterizado por ser ejercido hacia una mujer por su condición de género – apelar al recurso de la exageración en un slogan que manifiesta la muerte es, al menos, confuso.

Más que un desafío al machismo, es un desafío hacia el sentido. La eliminación simbólica y cultural también es una premisa con carga violenta. Los cambios culturales no se imponen. Las culturas y tradiciones no se modifican por pronunciación. Las sociedades no se deconstruyen por arte de magia. Y el uso del lenguaje es fundamental. Cualquier cambio cultural que se estudie en cualquier recorte de la historia de la humanidad ha tenido como vehículo al lenguaje. Bibliotecas enteras se han escrito sobre la importancia del sentido a través del lenguaje en los momentos de quiebre o ruptura de un bloque histórico.

Apelar al uso simbólico de la muerte no colabora en ese proyecto de resignificación, muy alejado ya del lenguaje con perspectiva de género.  

Horas después del intercambio inicial, Nicolás continuó intentando aclarar su postura y publicó:

“Yo soy judío.. Mirá si dijera que los no judíos no pueden opinar sobre el antisemitismo, sobre cómo se debe luchar contra él… todo lo contrario… me gusta la idea de que es un problema de todos, no de los judíos.” Saben de lucha los judíos, los negros, los indígenas, y una eterna lista de culturas oprimidas a lo largo de la historia. Alcanza con revisarlas un poco.

Alternar los roles de la discusión y presentar al oprimido como empoderado opresor sólo dilata el cambio cultural que reclaman. La lucha del feminismo contra las estructuras monolíticas del patriarcado de este lado del mapa no corresponde únicamente a las mujeres; es una batalla de todos. La resistencia a la apropiación del sentido por parte de toda la sociedad es la razón que lo demora.

Por Jimena Soledad Martinez.

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