ATRAPADOS EN LIBERTAD

Poder mediatico y judicial: las plumas del relato

Imagen tomada en la puerta del departamento de Julio De Vido, el dia de su detencion. El diputado no estaba en su domicilio.

Milagro Sala fue detenida en enero de 2016 por instigación de daños agravados durante un
acampe de protesta de las cooperativas frente a la gobernación de Jujuy.
El primer resultado en el buscador de Google para la consgina Milagro Sala es el siguiente:
“Cómo fue la detención de Milagro Sala”, una nota de diario Perfil que describe el video de
un vecino curioso que capturó las imágenes del momento del arresto en el domicilio de la
líder de la Tupac Amaru. La bajada aclara que: “Trascendieron imágenes del operativo
policial”.

Más allá de los vaivenes judiciales y las proclamas de diversos organismos internacionales
de renombre en materia de DD.HH. señalando la persecución política, siempre
trascendieron imágenes de la dirigente en calidad de detenida.

El diputado Julio De Vido pasó por un proceso de desafuero como respuesta al pedido de
dos jueces que lo investigan. La orden de detención fue librada para el día de la Lealtad
Peronista, el martes 17 de octubre. La causa por la cual es investigado guarda relación con
supuestas irregularidades en el manejo de fondos públicos. La operación mediática fue más
trascendente que la causa judicial. Y será este caso, tal vez, el que amerite un análisis más
intenso.

La noticia de la noche del 16 de octubre era: una posible detención. Así. Sin más. Cuando
amaneció el 17 de octubre, las cámaras ya estaban montadas a la par de las fuerzas
policiales en el domicilio del diputado, a la espera de ejecutar la detención.
La expectativa duró más de cinco horas. Cinco horas de contenido audiovisual alrededor
de la cotidianidad de un ciudadano sometido a proceso. Proceso judicial y proceso
mediático.

Pero como el zorro más sabe por viejo, mientras se desarrollaba el film en las TVs, Julio De
Vido fue a entregarse de forma voluntaria, partiendo temprano desde su domicilio legal. La
batalla simbólica no era menor. La síntesis de la información no era la causa judicial, sino
la imagen del exfuncionario esposado. En esta lucha, algún gráfico bien posicionado logró la foto.

El caso del exvicepresidente Amado Boudou también amerita reflexión. Fue detenido el 3 de noviembre por la orden librada con la firma del juez Lijo. La causa por la que es investigado refiere a sospechas respecto de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. La razón de la prisión preventiva es la posibilidad de mantener contactos residuales que
pudieran colaborar para entorpecer la investigación. Inédito.

La característica mediática de ese 3 de noviembre rompe todos los esquemas conocidos hasta hoy. Desde temprano se reprodujeron las imágenes filtradas del momento en el que los funcionarios leían los cargos al detenido en el interior de su domicilio, y en pijama.

Capítulo aparte merecerá la invetigación acerca de dicha filtración de imágenes, ya que la
reserva de las mismas es responsabilidad del Ministerio de Seguridad y alcanza a la figura
del mismo juez que ordenó la detención. Pero el eje es la nececidad mediática de difusión
de esas imágenes. La publicación de las fotos de un hombre amaneciendo esposado. Un
hombre K. Un K. Otro exfuncionario K detenido.

También Guillermo Moreno y Luis D ́Elia atraviesan procesos similares en cuanto a lo mediático y jurídico. El primero, en relación directa con el monopolio de medios, ya que su causa corresponde a presunto peculado en la compra de merchandising “anti Clarín”. Con el dirigente social también existió un episodio confuso. Se le concedió un espacio de entrevista en el programa de Jorge Lanata el día anterior a que se conociera su condena.

Mínima fue la exposición y extraño el hilo conductor de la charla, al punto de haber terminado de forma abrupta, como una interrupción.

Todo lo descripto anteriorimente nos conduce a pensar la relación que se establece desde
enero de 2016 entre el Poder Judicial y el Poder Mediático. Ambos poderes tienen injerencia directa en la realidad de la ciudadanía. Y, curiosamiente, ninguno de los dos está sometido a ningún proceso democrático.

No podemos entonces pensar la exposición de tales imágenes como una simple respuesta a demandas de la audiencia. Es un desafío intentar comprender los límites entre uno y otro espacio de poder y cuáles son los intereses a los que responden con su actividad. Cada detención es una foto, cada foto es un relato. Y cada relato es un eslabón más de la historia que escriben los que ganan.

Pero eso quiere decir que hay otra historia.

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