ROCK ‘N CRISTINA

UN RECITAL DE CARA A OCTUBRE

Con un andar que remite al de un cuadro político pero también al de una estrella de rock, la candidata a senadora por Unidad Ciudadana pasó por Lanús, el distrito PRO que le dio la espalda en el 2015 pero le hizo un guiño en las PASO de agosto.

Cerca de las 5 de la tarde, una pequeña caravana la trajo caminando una cuadra por la calle Molinedo hasta llegar a la plaza Villa Giardino, lugar donde el escenario esperaba por ella y su afamada oratoria. Como es habitual, con un criterio que mezcla algo de azar y un poco de observación, elige donde frenar para regalar una caricia de manos, un abrazo o una selfie. Repara en una familia desaforada con los cantos que presagian su retorno, luego en un niño en silla de ruedas que hacía alrededor de una hora la esperaba con una paciencia que desvanecía lentamente, y a esa altura ya no había alfajor ni gaseosa que lo relajase.

Cuando su llegada a la plaza ya era un hecho, dos señoras que oscilaban entre las 5 y 6 décadas desgranaron su entusiasmo tirándose cuerpo a tierra para pasar por debajo de las vallas. Una dio una gran muestra de destreza física, no así de sentido del tiempo, ya que si bien logró ponerse de pie del otro lado de la reja, Cristina ya estaba demasiado lejos como para advertirla. La otra careció de ambas, y de su arrojo apenas se pudo rescatar su voluntad. El sueño de ambas chocó contra la intervención de los militantes que se encargan de la seguridad en cada acto. Una escena que en apariencia tendría más que ver con los aniñados Beatles de 1964, que con una representante de la oposición en la Argentina de 2017.

Esa aura rockera lejos estuvo de difuminarse una vez que Cristina subió al escenario. Adjudicarle parte de ese encanto a su campera de cuero roja, podría sonar extremadamente forzado si no fuese por el hecho de que en un momento de su discurso desafió la memoria de los presentes preguntando si recordaban un día en particular en el que vistió ese mismo atuendo. Ante la nulidad de aciertos, se autocontestó que fue la noche de 2003 cuando Néstor Kirchner perdió en primera vuelta “sacando menos votos que la cantidad de desocupados que había en el país”, según sus propias palabras.  En un momento en el que su paso por los medios, dando las reclamadísimas entrevistas a periodistas opositores, no cambió el pobre  nivel de debate en torno a su figura y se siguió centrando en nimiedades como su presunto coaching “duranbarbesco” o su vestimenta, quizás no haya sido casual el uso de su campera para infundir una referencia temporal. Porque si hay algo que no se puede negar es que cuando Cristina habla, entrega la sensación de que pocas cosas se escapan de su radar.

Así ingresa Cristina al mes de las elecciones, de San Martín a Lanús en 24 horas, con la banda a toda orquesta. A diferencia de esa especie de unplugged que fue la presentación de Unidad Ciudadana en Arsenal, donde constantemente intentó bajar decibeles a los vítores que bajaban de las tribunas y reprendió los insultos a Macri -técnicamente, aún no había confirmado su candidatura-, octubre y Lanús recibieron una Cristina dotada de enjundia para describir la situación social y económica actual. Sin tapujos para escupir calificativos como “psicópatas” o “cavernícolas”, o para recomendar que “alguien debería decirle a este presidente-empresario que los derechos no se regalan, los derechos se ejercen por la ciudadanía y se reconocen por parte del Estado”. También para aludir a ese tan mentado cambio que pregona el gobierno. “Vaya que sí cambiaron las cosas…. ¿pero para qué cambiaron? ¿Para mejor o para peor?…”, vociferó inclinando el micrófono hacia la gente, buscando su participación. Y repitió 3 veces más la pregunta “¿para mejor o para peor?”, al estilo del frontman más venerado del rock nacional.

Y casi qué obrando ella misma como un medio de comunicación afín, del que prácticamente carece en comparación con el macrismo, se mostró al tanto del caso de Mariana Gómez, violentamente detenida por la Policía por el simple hecho de besarse en público con su esposa Rocío Girat. Atribuyó ese hecho al “clima de época”, que la remontó al recuerdo de la división ‘Moralidad’ de la Policía Federal durante el gobierno de facto de Onganía, que tenía facultades para detener a las personas que se besaran en las plazas. “Miren de dónde viene esta gente. Estos verdaderos cavernícolas que pretendían ser la modernidad y el cambio.”, sentenció. Y se apoyó en Leopoldo Moreau para ratificar la veracidad de esos datos, y a su vez, para convidarle las mieles de la ovación al dirigente radical que acompañó todo el acto detrás de ella junto a Vanesa Siley, cuarto lugar en la lista de diputados, y Edgardo Depetri, candidato a primer concejal en Lanús. Cristina avivó los aplausos: “Vamos con ese radicalismo alfonsinista!”.

 También hizo mención a la intimación de las Naciones Unidas al gobierno argentino para esclarecer el caso de Santiago Maldonado, y a la desfachatez con que las fuerzas de seguridad repitieron el recurso de infiltrar “encapuchados que aparecen y desaparecen como por arte de magia y nunca los pueden agarrar”, para generar disturbios en la marcha del 1 de octubre , a 2 meses de su desaparición forzada a manos de Gendarmería.

Voraz e incisiva esta versión de Cristina, en un distrito que en el 2015 castigó la impopular gestión de Darío Díaz Pérez entregándole las llaves del municipio a Néstor Grindetti. Un municipio que paulatinamente se fue convirtiendo en una mala copia de la CABA macrista: ejecuciones de obra pública (pavimento, arreglo de veredas, luminarias LED) sobredimensionadas con el exceso de pompa y de los colores vivos de la liturgia Pro. Incluso es la ciudad elegida para que Vidal-Bullrich-González cierren su campaña el 19 de octubre.

Pero el rubro que más aqueja a los vecinos de Lanús es, por escándalo, la inseguridad. Y a pesar de ofrecer un excesivo protagonismo del polémico Secretario de Seguridad, Diego Kravetz, que hasta tiene participación presencial en las razzias policiales, no hubo ni un solo síntoma concreto de mejoras. Quizás ahí radique una razón por la cuál el ajustado triunfo de Noelia Quindimil no logró profundizar la preponderancia de Cambiemos y se pueda vislumbrar un guiño a Unidad Ciudadana para el 22 de octubre.

 No se fue Cristina de Lanús sin antes mencionar, como en cada una de sus apariciones, la importancia del 22 de octubre debido al “gran ajuste” que planea el gobierno después de esa fecha. Y tampoco sin permitirse, como quien se atreve a tirar un lujo en campo contrario, chicanear al intendente Grindetti preguntando repetidas veces “¿El de acá es el de Panamá Papers?”.

“Se llevaron el oro, y los productores feriando en las plazas….podría seguir y nos agarraría la noche.”, dijo llegando al cierre. Pero no hizo falta. “Multiplicar los esfuerzos de aquí al 22, y después del 22 también, porque la democracia no puede agotarse en una elección, la democracia se construye todos los días”, fue su último pedido, “para darle a la gente la esperanza de que se puede vivir en un país donde a los derechos no los consideren regalados”. El recital de poco más de 40 minutos había concluido, y Cristina se quedó un lapso más en su infranqueable ida y vuelta con la gente, como el rockstar que se queda regalando púas y baquetas. Bailando al ritmo de “Hojita seca”, de La Nueva Luna, que a simple vista constituía una imprecisión poética. Pero no importaba. El rocanrol estaba en el aire.   

Fotos: Micaela De Bernardi @micaelaluzd

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