¿Que paso con Santiago ?

Se abren nuevos interrogantes a cada día que transcurre

¿Qué pasa puertas adentro? ¿Dónde está? Queremos saber qué pasó con Santiago. Hace más de 80 días que buscamos a Santiago con la premisa de que el tiempo nos ayudaría a encontrar la verdad.

Argentina nos duele. ¿Qué paso con Santiago? Comprometido con la comunidad mapuche, el 1 de agosto de 2017 se encontraba manifestándose en su plenitud como joven, con una sensibilidad especial por el otro, embarcado en causas justas, históricas, autóctonas, banderas que están en las antípodas de la idiosincrasia del gobierno actual que defiende los intereses de su estirpe: “los empresarios” sin patria: los Benetton, los Lewis, como ejemplo de aquellos que se sienten cómodos con este gobierno.

Lo ocurrido con Santiago, seguramente responda, no sólo a los vínculos directos de estos terratenientes con el presidente; sino también al rol que está desempeñando el Estado al velar por los intereses económicos particulares de esos sectores y empresarios extranjeros que explotan las tierras de nuestro territorio nacional, siempre desde el individualismo liberal. Santiago no; Santiago defendió lo comunitario, lo social y las instituciones que no respondían a los parámetros de esos sectores, contemplado y anclado en nuestra Constitución. Santiago decidió formar parte de una lucha ancestral, fuera de cualquier rédito económico.

Pero, ¿qué paso con Santiago? ¿Qué pasa con este gobierno que no fue capaz de llevar adelante procedimientos administrativos, jurídicos y de investigación “normales” o protocolares? (con lo que le gusta referirse a los parámetros de la normalidad a sus candidatos). ¿Qué es eso tan grande que se esconde detrás de la torpeza de la ministra Bulrich y sus secuaces? Ante este interrogante, en la televisión, en la radio, en los diarios se desarrollan diversas hipótesis sin ningún tipo de respeto para con la familia.

Desde el primer momento, estigmatizaron la lucha de Santiago. Desde el primer momento, lo descalificaron. “¿Qué tenía que hacer un pibe de clase de media, blanco, de Buenos Aires, ahí con Mapuches? ¿Estaba cortando la ruta? ¿Cómo puede ser? Eso no esnormal’”, desconfiaba la monocorde voz mediática reinventando la versión 2017 del “algo habrán hecho”. Su desaparición quedó subsumida a un desfile de declaraciones insólitas, insultantes, irrespetuosas de los escándalos del mediodía, ese horarios donde todo, sin importar su seriedad se convierte en material apto para la teatralización y el show.

Estamos ante una fuerza política y mediática que concentró el poder tras hacer campaña con el estandarte de “las formas”; sin embargo, con Santiago las formas no le importaron a nadie: ni a los ministr@s, ni a los polític@s, ni a los priodist@s. Era tan seria la cuestión de fondo y tan difícil de ocultar, que terminaron reivindicando a los victimarios en contra de las víctimas; se convirtieron en encubridores, en cómplices.

Cuando uno ocupa lugares de responsabilidad política y de dirigencia ejecutiva, se convierte o tiene que hacerse responsable de las decisiones que se toman; se debe dar cuenta de lo que hacen aquellos que están a su cargo. De eso se trata la política en Democracia. De hacerse cargo, de tomar las riendas de los destinos de un país. Alguien debe hacerse cargo de las decisiones políticas tomadas en el “Caso Maldonado”. Tarea (la de hacerse cargo) que sabe eludir muy bien este gobierno con la ayuda de los constructores del relato; aquellos que ponen en duda todo aquello que apunta a la responsabilidad gubernamental en todo esto.

¿Por qué la Ministra de Seguridad defendió a capa y espada a la Gendarmería? ¿Qué les debe? ¿Para qué los necesita?  ¿De qué bandos hablaba cuando se refería a los que queríamos encontrar a Santiago y los que no querían encontrar a Maldonado? ¿Por qué construía esa grieta que no existía? ¿No era acaso lo “normal” que todos quisiéramos encontrarlo?

No hay reflexiones que alcancen para lo que pasó en estos últimos ochenta largos y dolorosos días; lo que hay es una comunidad, una sociedad que quiere la verdad para poder confiar en las Instituciones que costó más de cuatro décadas reconstruir y con las cuales quiere contar para cimentar una Patria libre, justa y soberana.

La sociedad no quiere que unos pocos conduzcan los destinos de Argentina hacia un país con represión social para garantizar los intereses económicos de unos pocos. Los ciudadanos quieren confiar y en estas instituciones hoy no se puede.

Sergio y su familia esperan desde el dolor. Pero a Santiago lo queríamos y lo queremos vivo. Encontraron un cuerpo, pero no encontramos a Santiago hasta no encontrarlo con la historia completa; con sus sueños, sus luchas, su alma, sus búsquedas, sus deseos, sus amores, sus amarguras y sus ilusiones. Todavía no lo tenemos.  Vivo lo queremos.

Por Agustina Pan.

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