Los centinelas de la posverdad

Sindicalismo y medios: que rol adoptan dentro del plan de reformas del macrismo?

“Nada es verdad, nada es mentira;

todo depende del cristal con que se mira”

William Shakespeare.

Todo modelo de organización sindical es producto de las relaciones sociales en las que se desarrolla, y está atravesado por su historia, por la correlación de fuerzas entre el movimiento obrero y el capital. La estructura de un sindicato es una estructura de poder. Nunca es neutra. Y en nuestro país, sucede lo mismo con los medios de comunicación.

No existe el periodismo independiente, ya que los periodistas no se pueden aislar de la empresa que los emplea. Estas empresas son poseedoras de un enorme poder, y actores en este juego de poder, con intereses e ideología.” Néstor Kirchner.

Partiendo de esa premisa, empezamos a analizar los diferentes sucesos que se vienen aconteciendo desde hace años en la relación Gobierno – Sindicatos – Medios. En los primeros años del kirchnerismo, varios gremios miraron con desconfianza los avances en políticas económicas y en relaciones laborales. El delaruísmo había aplastado el poder de los sindicatos con hambre, devaluación y desempleo masivo; dejándolos reducidos a espacios de combate y resistencia en la calle, pero destruidos y desmoralizados hacia adentro. Hubo 9 paros en dos años. Los medios jugaron un papel fundamental en esta etapa, principalmente los conglomerados hegemónicos, que contribuyeron a alimentar al monstruo y lo soltaron cuando ya no hubo como darle de comer. Al final, solo bastaron un par de tapas para dejar claro su mensaje.

De la sonrisa a morderte

El primer gesto de Néstor Kirchner fue poner fin al conflicto docente en Entre Ríos, sentándose con el gobierno de la provincia y con los sindicatos. Desde ese momento, las relaciones empezaron a cambiar. Los grandes medios veían con buenos ojos este resurgir de un país en llamas y varios gremios de los denominados “pesados”, volvieron a disfrutar de sus glorias pasadas: ante la generación de empleo, reapertura de fábricas y recuperación de la economía, aparecieron las afiliaciones masivas, las reivindicaciones y el crecimiento. Entonces indefectiblemente volvieron a aparecer las peleas de poder. En el primer período de gobierno de Cristina Fernández se mantuvo este camino en subida y si bien se dieron diversos conflictos y protestas, las buenas relaciones con sindicatos y medios fueron estables hasta 2008, momento en que estalló la “125”.Entre 2011 y 2015 hubo cinco paros, en ninguno de ellos se planteó el desempleo y los despidos como eje, todo lo contrario: la discusión era sobre el mínimo no imponible de ganancias, las jubilaciones y el salario básico. El cambio de época estaba claro. Los sindicatos estaban en su esplendor y los medios fogoneaban marcando el “fin de ciclo kirchnerista”. Mientras sindicatos y medios estuvieron divorciados, el poder gobernante podía negociar con alguno de ellos para inclinar la balanza. Aprovechando quiebres internos, vacíos legales o dejando las batallas en manos del poder popular, pero al pararse ambos en la vereda de enfrente la balanza comenzaba a inclinarse desfavorablemente para el gobierno.

De ese mano a mano viene la discusión que estamos dando ahora. ¿Existen sindicalismos o mejor dicho, sindicalistas buenos y malos? ¿Por qué cuando salta un caso de corrupción automáticamente el sindicalista en cuestión pasa a ser tierra de nadie? ¿Es que acaso nos comimos la historia del purismo?. Volvemos al principio de este texto: la estructura de un sindicato es una estructura de poder. Nunca es neutra. No podemos esperar que se paren en el lugar de la no política. No existe. Y definitivamente no podemos esperar que no se paren al lado del mejor postor. ¿Por conveniencia? más que seguro, ¿por convicción? ¿por mandato de las bases? muy pocos. Lo mismo pasa con los medios y sus dueños.

Dando marcha atrás

El macrismo les prometió todo. A los sindicatos les dijo “Los trabajadores no van a pagar impuesto a las Ganancias; hay que crear trabajo, cuidando los que tenemos; vamos a terminar con la corrupción.” Y con los medios no fue menos: “el gobierno no está dedicado a ver qué periodista trabaja y en qué programa; Hemos declarado nuestro compromiso con la libertad de expresión y prensa”. Llegaban al poder para reparar los errores de la década pasada, a hacer las paces. El cambio a una Argentina mejor.

Podemos decir que cumplió… con algunos. Los gobiernos neoliberales tienen eso, cumplen sus promesas porque nunca declaran completas sus premisas. Macri gobierna para los ricos. Su análisis de la realidad se basa en armar los mensajes de tal forma que no puedas identificar de dónde viene el palazo. Vos sos inteligente, si. Vos pensás por vos mismo, sí. “El diario no hace lo que quiere con vos, vos hacés lo que querés con el diario” (campaña de Clarín 2015, bajo el concepto de “70 años de periodismo”. 

La credibilidad y la responsabilidad se entrecruzan en mensajes engañosos, la conclusión a la que lleva es que el lector goza de plena autonomía en relación con lo que el diario le dice. Que a pesar de las embestidas realizadas por el gobierno anterior, ellos son sólo una vidriera a la realidad, sin injerencia en el mensaje. Y en este caso el discurso está armado por los mismos. Los sindicatos y los medios tienen plena autonomía para creer lo que el gobierno les prometió, de eso estamos seguros, pero si el planteo viene de la mano de quien tiene el poder político, económico y mediático queda poca escapatoria a la trampa.

Los casos se van apilando: en abril de 2016, ante el no cumplimiento de las promesas de campaña, Pablo Moyano declaró que se “terminó la luna de miel” con el gobierno; Pablo Micheli, quien había llamado a votar por Cambiemos en el ballottage, terminó formando un frente en común con la CTA de Hugo Yaski, y enfrentando a Macri en la Plaza de Mayo.

El triunvirato de la CGT arrancó en buenos términos, pasó por declarar un paro general con retención de tareas (cabe destacar la presión de las bases en este caso en particular) y terminó dando marcha atrás, porque primero hay que cuidar intereses propios y darle tiempo al gobierno para que cambie su postura.  

Lo propio pasa en los medios. Despidos de periodistas por mantener una ideología contraria a la imperante, despidos de trabajadores, cierres, compras fraudulentas. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, bastión de lucha que no llegó a desplegar su real magnitud durante el kirchnerismo, se ve afectada por distintos decretos modificatorios que favorecen a los conglomerados mediáticos y a la monopolización de la información. Porque si todos los canales te muestran el mismo mensaje, ¿cómo vas a dudar de su veracidad?

En estos días, gobierno y cúpula de CGT se sientan a negociar. El trabajo de los medios fue definitorio para ganar las elecciones de medio término y sentar el terreno para la reforma laboral que busca dividir a trabajadores y sindicatos “por sector” y no por rama de actividad. Flexibilización laboral, contratos intermitentes, más horas de trabajo… neoliberalismo explícito: ganancia plena para el empresario, pérdida de derecho para los trabajadores.

La batalla está declarada. Queda en nosotros deconstruir el mensaje de los medios y pelear hacia adentro de los sindicatos, para que no nos arrastren al desastre.

 

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