“CUANDO DESTRUYEN LA SOLIDARIDAD, EL ROCK DEBE ESTAR PRESENTE”

ENTREVISTA A SEBASTIAN FERNANDEZ DE 'EL MAS ACA'

Docente de la escuela pública. Músico. Ex guitarrista de ‘La Covacha’, banda quilmeña de culto en la escena roquera, y hoy abocado a ‘El Más Acá’, proyecto en el que además de tocar pone la voz, Sebastián Fernández evade el prototipo de artista abstraído de la realidad, y su compromiso lo encontró en el camino con Revista Patria.

Allá por 1993, en la porción del conurbano donde Bernal se funde en el partido de Quilmes, nació La Covacha. El grupo comenzó a desgranar sus canciones en los albores del “rock barrial” o “rock chabón”, una variable patentada por la industria musical en su constante necesidad de etiquetar/estigmatizar. Pero La Covacha demostró que se puede ganar un público devoto y fiel sin necesidad de pasar por la maquinaria que moldea, fabrica y envasa artistas con el único fin de engordar bolsillos. Haciendo un uso sagrado del “boca en boca” como punta de lanza para promocionar sus shows, no hubo Arpegios ni Cemento que los desaferrara de sus raíces under. Entonces eso resulta muy oportuno que su primer demo se haya denominado “Hay que gritar”.

 Por fortuna, cuando hoy gritar es un acto tan necesario, el contexto encontró a Sebastián Fernández con más de 20 años de experiencia. Para gritar contra la demonización de su oficio como docente en este año caótico, y también para ofrecer la propuesta de El Más Acá, su actual proyecto (que se completa con Leonardo Farinola en batería y Camilo Díaz en bajo).  La charla con Patria se concreta a días de lo que será la presentación de su segundo disco, “Inefable”, el 7 de octubre en “Mala Vida Club”, en pleno corazón de San Telmo.

– Te agarramos en vísperas de la presentación de un nuevo disco. Imagino que para un músico debe ser un momento bastante particular…

– Sí, totalmente. Para un músico, sacar un disco tiene varias aristas. Es el hecho concreto de presentar lo que uno hace en ese tiempo en la etapa de composición, en la sala de ensayo, en el estudio. Pero también sirve para vaciarse. Para limpiarse y preparar el lugar para lo que vendrá. Una vez que sale el disco es como que ya no te pertenece, pasa a ser de quienes deciden escucharlo. Se terminó la posibilidad de seguir reformando o cambiando cosas. O en todo caso, cuando quieras hacer un cambio pasa a ser una variación del original que ya quedó en el disco.

La Covacha demostró que se puede ganar un público devoto y fiel sin necesidad de pasar por la maquinaria que moldea, fabrica y envasa artistas con el único fin de engordar bolsillos.

– ¿Cómo nace El Más Acá como proyecto?

– En su inicio fue algo sencillo. Fue juntarnos para poder hacer canciones que por un largo tiempo tuve guardadas, y que por algún motivo no pude largarlas. Los shows y los proyectos con La Covacha se fueron espaciando cada vez más, entonces naturalmente se me fue abriendo cada vez más lugar para El Más Acá, al punto de llegar a grabar nuestro primer disco. Empezamos a tener entre los tres un sonido propio, códigos y miradas en común sobre el hecho artístico. Hasta llegar a la composición colectiva que se imprimió en este nuevo disco “Inefable”.

– ¿Qué diferencias tiene en su propuesta musical con La Covacha?

– De movida, la diferencia más notable es que en El Más Acá soy el cantante. A partir de ese cambio de rol, se abre todo un mundo en mí que hace que las diferencias sean muchas y muy grandes. No es menor que la voz sea distinta, por eso quizás el proyecto de Salva (Salvador Tiranti, vocalista de La Covacha) sea más fácil de asociar con La Covacha que El Más Acá, porque es la misma voz. Si bien no es algo nuevo para mi porque siempre canté, en La Covacha no lo hacía. Era el guitarrista y mi función era trabajar en conjunto con el bajista y el baterista para dejarle todo mas o menos ordenado al cantante, de tratar de que el vocalista pueda concentrar la mirada adelante y no tenga que mirar a los costados o atrás. Si el cantante mira mucho a los costados o atrás, significa que alguna cagada se están mandando los otros (risas).

Aunque seguramente muchos puedan encontrar algún sonido o lenguaje en común entre ambas bandas. Sería lógico, porque fueron muchísimos años en La Covacha y de alguna manera funcionó como escuela.

– Fueron casi 25 años de camino ¿Qué significa en tu vida La Covacha?

– Cuando uno comienza un proyecto desde temprana edad, casi adolescentes, como hicimos nosotros, no se conforma sólo de músicos. Sino de todos los que uno se rodea. Amigos, familia, cada uno participa a su manera y activamente para que a la banda le vaya bien. Manager, novias, amistades íntimas, plomos, asistentes, futuros músicos, público y gente para recordar por siempre en anécdotas. Todo eso es una banda. Y estas personas son las que logran que vos te animes a salir del barrio, a tocar en Arpegios. Son los que después te dicen: “Loco, hasta Cemento no paramos”. Confiaban más en nosotros que nosotros mismos. Por eso tengo mucho respeto de esa familia que formamos y nunca encaré a El Más Acá por el lado de ir a buscar a los covacheros y decirles “vengan, miren lo que estoy haciendo”.

Pero Sebastián Fernández también extiende su veta artística a su oficio, ya que es docente de Música en la E.P. 15 y E.P.56 de Berazategui, y en la E.S. 16 de Quilmes. Y es otro aspecto de su vida con abundante tela para cortar en la charla.

Hace unas semanas, cuando estaba empezando la clase y los introduzco a los chicos al tema, que ibamos a hablar sobre el caso de Santiago, una piba me interrumpe y me dice: “No, profe, no hable de eso porque no queremos que lo echen”.

– Un año bastante agitado para ser docente de la escuela pública…

– Demasiado agitado, diría. Pero independientemente de cómo nos han atacado desde los sectores que maneja desde siempre la derecha, a mi lo que me provoca una gran tristeza es como han logrado infiltrarse en el seno mismo del movimiento gremial docente.  Yo empecé a trabajar en el 97, y para mi era la continuidad del rock en otro ámbito. Los pibes muy carentes de todo, y yo con la música tratando de aportar un poco a sus vidas. Con esa mirada utópica y quizás algo inocente también. Pero hoy, después de 20 años de aula y tantas crisis, me vengo a desayunar que gran parte de los maestros que tuvieron que aguantar con los pibes en la trinchera en ese menemismo nefasto, fueron a votar a Macri.

– Y desilusiona…

– Si. Duele toda esta censura que sobrevuela en las escuelas. Docentes denunciando a otros a partir de conversar con los pibes sobre Santiago Maldonado. Hace unas semanas, cuando estaba empezando la clase y los introduzco a los chicos al tema, que ibamos a hablar sobre el caso de Santiago, una piba me interrumpe y me dice: “No, profe, no hable de eso porque no queremos que lo echen”. Fijate como le metieron en la cabeza a esa piba que por hablarles de Santiago Maldonado, podían llegar a no verme más en el aula. Creo que eso grafica como pocas cosas el momento que estamos viviendo.

– ¿Estás al tanto de la reforma educativa que se prevé para la escuela secundaria en CABA el año que viene?

– Estoy al tanto, pero no muy profundamente porque ni siquiera ellos están profundamente al tanto de lo que quieren hacer. No se puede discutir seriamente algo que quieren implementar a través de un PowerPoint. Todavía no lo pude descargar (risas).

– ¿Cómo entendés el papel del artista en un contexto como éste?

– Este momento es un proceso de destrucción de la subjetividad en las personas, de su pensamiento crítico, de su solidaridad, y el rock debe estar presente como en aquellos ’90 y no dejarse llevar por las luces. Decir lo suyo, y también definirse en un lugar concreto. Yo creo que el artista debe estar comprometido con su tiempo, en el aspecto social y también político. Mucho más hoy. Pero es una opinión bastante personal, y posiblemente entre en una contradicción.

– ¿Por qué?

– Porque por ejemplo la música instrumental existe y me puede gustar mucho, pero no sabría donde ubicarla en esta idea de compromiso social.  Pero yo también escucho artistas que si te remitís sólo al aspecto de los elementos técnicos, no hacen un estilo de música que uno curta demasiado. Me pasa con Víctor Jara. Más allá de que me gusta la trova, es un tipo que yo escucho y hago el esfuerzo para que me guste, porque lo que está diciendo es relevante.

Para ir concluyendo una tarde admirable, nos acercamos al presente para llevar las notas y bemoles de esta entrevista hacia la actualidad.

– ¿Cómo fue que te emparentaste ideológicamente con el kirchnerismo?

– Justamente recién hablábamos de los ’90, que fue una época donde si bien la postura ideológica era reivindicatoria de las mismas causas que hoy, nos tenía un poco alejados de la acción concreta, o de la posibilidad que de alguna manera se pusieran en práctica. Y a partir de 2003, muchos de esos reclamos se hicieron concretos por una política que nos sorprendió. No la esperábamos. Y lo viví, no me lo contó nadie.

– ¿Siempre tuviste ésta orientación hacia la política?

– Yo soy de izquierda, lo fui siempre. Tengo una profunda admiración por la figura del “Che”. Junto a mis amigos viajamos a Cuba, hicimos trabajo voluntario. Acá militamos en cuanto lugar pudimos, estábamos en cada marcha, La Covacha tocó en muchos festivales benéficos. Pero estos años me enseñaron mucho sobre la construcción de la práctica política. Es decir, me encanta la idea de hacer la revolución.

– ¿Cómo ves ese camino hoy?

– Lo veo con la opción de hacer la revolución en la práctica política, ganando espacios poco a poco, como sucedió estos años dentro de ese concepto tan hermoso llamado inclusión. Hubo muchas cosas de los gobiernos de Néstor y Cristina que fueron innegables, y que no es de genio pensar que no fueron precisamente para encantar al poder económico. Cómo las relaciones con Cuba, Venezuela y Bolivia, hasta algo tan sencillo como poner un cuadro del Che en la Rosada, que no me parece un gesto inocente.  Y los juicios a los milicos, que fue algo realmente fuerte. En mi trabajo tuve la oportunidad de ir a una excursión con los chicos a través del programa “La escuela va a los juicios”. Fuimos a Comodoro Py a presenciar los alegatos de la causa ESMA. Y nos encontramos nada más y nada menos que a Alfredo Astiz.  Nosotros les habíamos nombrado a estos tipos y las cosas que habían hecho. De repente se vieron ahí, teniéndolo a dos metros detrás de un vidrio, siendo juzgado. Así que fue muy fuerte para ellos también. Y hacer música a partir de ese tipo de vivencias, se disfruta más porque se hace con conciencia.

– Nosotros, desde Revista Patria, entendemos que es fundamental aportar todos los días a la construcción de la sociedad. ¿Cómo hace patria Sebastián Fernández?

– No, esa pregunta se la tenés que hacer a los grandes (risas). Esto que estamos haciendo vos y yo, de compartir un café e intercambiar palabras, creo que es una forma de hacer Patria. Cada uno desde el lugar que pueda, del que mejor le salga.  Yo por lo pronto, desde la música y también desde la escuela. A mi a veces cuando hablo en la clase, los chicos me cargan, porque me dicen “Esto que es, Música o Sociales?” (risas). Y bueno, yo les explico que la ligazón entre ambas cosas para mí es primordial. Si estas acciones las hacemos a conciencia, pensando en construir y volver a incluir, estaremos haciendo patria.

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